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El Arte Del Mando Era Tratar Con la Naturaleza Humana, y él Había Dedicado su Vida a Aprenderlo. Colgó la Espada Del Arzón, Palmeó el Cuello Cálido Del Animal y Echó un Vistazo Alrededor Sonidos Metálicos, Resollar de Monturas, Conversaciones en Voz Baja. Aquellos Hombres Olían a Estiércol de Caballo, Cuero, Aceite de Armas, Sudor y Humo de Leña. Rudos en Las Formas, Extraordinariamente Complejos en Instintos e Intuiciones, Eran Guerreros y Nunca Habían Pretendido Ser Otra Cosa. Resignados Ante el Azar, Fatalistas Sobre la Vida y la Muerte, Obedecían de Modo Natural Sin Que la Imaginación Les Jugará Malas Pasadas. Rostros Curtidos de Viento, Frío y Sol, Arrugas en Torno a Los Ojos Incluso Entre Los Más Jóvenes, Manos Encallecidas de Empuñar Armas y Pelear. Jinetes Que se Persignaban Antes de Entrar en Combate y Vendían su Vida o Muerte Por Ganarse el Pan. Profesionales de la Frontera, Sabían Luchar Con Crueldad y Morir Con Sencillez.